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Mostrando entradas de febrero, 2008

Una más

Estoy aquí escribiéndote de nuevo y una vez más una carta que no se si leerás. Pero yo necesito contártelo, o al menos dejar presencia de mis sentimientos. Recuerdo tu nombre, recuerdo tu voz, y vivo soñando con que seas mío y vivo pensando en aquellos besos que me dabas y el alma me arrebataban y sintiendo tus manos acariciar mi rostro despacio mientras me dices: “me gustas”. Mientras me besas, me besas y me dejas sin fuerzas revivo emociones y sentimientos, pasiones y locuras que solo con enredar mi mano con la tuya fluían por mi cuerpo por primera vez. Si por primera vez siento que estoy viva, y que estoy muriendo por tenerte, que por primera vez me digo me has utilizado para darla celos y yo como una imbécil me he dejado usar, pero al unísono otra voz me dice “pero le quieres”. Sí, te quiero y es lo único en lo que todas mis voces se ponen de acuerdo. No hago otra cosa que pensar en ti y es que no puedo evitarlo y no sé si será obsesión o será amor pero yo solo oigo tu nombre en…
Esta es la última carta que te escribo. Siempre digo lo mismo y nunca es verdad. Pero esta vez de verdad que es la última. No tengo respuestas, ¿porqué no me respondes? Quiero creer que no llegan pero lo más probable es que ni las leas al ver el remitente. Las he leído todas mil veces y en todas me doy cuenta de que te escribo lo mismo. No sé qué puedo hacer más para que todo vuelva a ser. Desde que cerraste la puerta de mi casa y te vi como te ibas en ese avión con ella no he podido dejar de llorar ni un solo día. Sé que ha pasado tiempo pero no consigo rehacer mi vida. Lo he intentado, conocer a otros hombres, pero ninguno es lo suficiente para mí. Ninguno me da lo que necesito, ninguno me hace reír como tú me hacías reír, ninguno me hace sentir escalofríos por mi cuerpo cuando me rodea la cintura con sus manos, en ninguna de sus caricias, ni ninguno de sus besos encuentro la paz y el fuego que encontraba en los tuyos y ninguna de sus presencias me da tanta seguridad como la daba la…

Lágrimas de luz

Estaba pensando qué decirte después de todo.
He olvidado qué era llorar sola,
Sentir oscuridad en mi interior
Y creer no poder salir del fango.

Ahora, después de mi soledad,
De esa oscuridad y de ese fango
Me encuentro con lágrimas de luz

Fin

Me he despertado esta mañana y he sentido la fría soledad de mi cama. Hacía tanto que no la sentía. No consigo acostumbrarme a que estés tan lejos y a que la única forma posible de contacto contigo sea por carta. Estas tan lejos. Lo entiendo, es tu trabajo. Pero es difícil no tenerte en mi cama, es difícil no sentir tus brazos rodeándome o tu cabeza echada sobre mi pecho y tus dedos paseando por mi torso desnudo acariciándome suavemente como sólo tú sabes. Es difícil no tenerte para que me relajes cuando estoy atacado de los nervios o cuando algo me preocupa. Es difícil dejar de sentirte aunque estés en África. Una simple sombra, el sonido del teléfono o el del telefonillo, que cuando me doy cuenta es tan absurdo, consiguen que mi corazón de un vuelvo creyendo que eres tú. Pero no, vuelvo a caer en la realidad y me doy cuenta de lo imposible que es que seas tú quien esté al otro lado del cable, y más aún que estés ahí abajo esperando que te abra la puerta. He pasado tantos días ya si…

Mi último recurso

Vosotros que surcáis los vientos,
Que navegáis los océanos y
Galopáis las tierras.
Vosotros buscadle y encontradle,
Este mensaje entregadle:
Decidle que me estoy ahogando
En este mar de lágrimas
Y de esperanzas,
Que me voy consumiendo
Día a día y noche tras noche
Por estar amándole.
Decidle que me voy muriendo,
Que lenta y pausada
Es mi agonía,
Que mi cuerpo se queda
Quieto y callado
Gritando los silencios, esperándole
Mientras mi alma errante le busca

Sueño, una vez más

Oigo mi nombre gritar. ¿Eres tú, amado mío, del que mi nombre sale de tus labios? Sí, ya te veo entre la multitud y cada vez estás más cerca. Ya estoy aquí, ya estás aquí. Yo frente a ti y tú frente a mí. Pero no, no puedo. No puedo tocarte. Alzo mi mano y tú la haces coincidir con la tuya pero ni siquiera nos rozamos tú te escapas. Huyes de mí, ¿porqué? Te desvaneces como polvo en el aire y me quedo quita. De mis ojos lágrimas se derraman porque por fin lo he entendido todo. Eres tan solo sueño. Volveré a soñar, te volveré a ver y volverás a desaparecer.

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