martes, 22 de abril de 2008

Cuando volviste

Cuando aquella tarde apareciste en mi casa, al principio no supe qué pensar. Luego me di cuenta de que no me equivocaría al dejarte pasar. Estabas tan apagado. Nunca te había visto así. Me imaginé que algo grave había pasado, algo peor de lo que me contarías minutos después. Pero desde mi punto de vista no era tan grave. Aunque he de reconocer que me sentó bien ver que te sentías mal por todas las cartas, y las llamadas por responder que te había enviado.

Lo primero que hice fue preguntarte porqué razón habías regresado a Madrid si todo iba bien en Roma. Pero tu respuesta fue todo lo contrario. Me contaste que te había dejado, que se había ido con quien había dicho ser tu amigo, y que estabas en Madrid porque allí ya no te quedaba nada y sin embargo aquí lo tenías todo. Te pregunté que era ese todo, pues no entendía a qué te refieras porque ningun miembro de tu familia se encontraba en Madrid desde que tú te habías ido y lo sabías. Tu respuesta provocó un silencio. No sabía como tomarmelo, pero aquel " Tú" hizo que la luz que se había apagado cuando desapareciste con ese último beso que cada día he rememorado durante todos esos años sin ti, volviera.

Viniste a verme. Era la única persona que podía ayudarte. Te quedaste en mi casa y durante un año entero estuvimos como habiamos empezado. La amistad que habíamos creado hacía ya 10 años aún seguía en nosotros. Pero algo pasó y no sé qué para que algo en ti cambiara.

Recuerdo que una mañana estabamos los dos tumbados en el sofá viendo un DVD que habías alquilado para pasar una noche tranquila en casa, cuando noté una correspondencia a mis sentimientos que creí que jamás volverías a sentir por mi. Acerqué mis labios a los tuyos, en el momento en que intentabas darme una palomita y por fin después de los sieteños que habían pasado, por fin pude encontrarme con tus labios. Ardientes, de nuevo me besan de la misma forma.

Te fuiste un día pero no se había ido nada de lo que habías vivido conmigo, ni lo que habías sentido por mi. Pude y puedo decir que eres mío. Nunca dejaste de serlo.

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