sábado, 13 de junio de 2009

Ultimo Sueño



Mira en lo que nos hemos convertido. Tu sentada ante el televisor. Y yo…. Sí, yo estoy aún aquí, contigo. Pero no me quieres escuchar y yo ya no sé cómo solucionarlo. No sé cómo hemos podido llegar a esto. ¿Por qué no dejas de mirar la televisión y me miras a mí? No entiendo nada. ¿Dónde has ido? ¿Dónde he ido yo? ¿Dónde estamos? Nada de esto tiene sentido. Me gustaría que volvieras y que todo fuera como antes pero he acabado comprendiendo que no es posible.

Te miro y recuerdo aquel día que te vi por vez primera bajando las escaleras de la facultad. Llevabas esa preciosa melena morena suelta e ibas con una carpeta llena de apuntes. Unos pantalones cortos dejaban ver la belleza de tus piernas y la camiseta era tan corta que podía verse tu ombligo. Ese ombligo con el que tantas veces después me has dejado juguetear. Te dirigías a la cafetería y chocamos. Tus hojas y las mías se entremezclaron. Tras agacharnos y levantarnos pude ver mejor tus ojos verdes. “¿tienes algo que hacer?”- tu voz me pareció angelical y era lo único que podía oír a pesar del bullicio que había en aquel pasillo.

Acabamos tomando unas cervezas en la cafetería y mientras yo me quedaba embobado e intentaba despertarme veía cómo ordenabas tus apuntes y los míos. De repente sentí un fuerte golpe en la nuca. Era mi hermano, que había acabo sus clases. Se metió en medio de la conversación, que nunca recordaré de qué iba y dos meses después estabais saliendo. Pasaron los años y acabamos graduándonos juntos. En el viaje de fin de carrera, aprovechando que lo habías dejado con mi hermano, te hablé de mis sentimientos. Recuerdo que me pediste tiempo y eso hice, esperarte. Cuando por fin te decidiste me hiciste una de las personas más felices y te prometí que no te dejaría sola. Así he hecho todos estos años. Hemos pasado por muchas cosas. La enfermedad de tus padres, la de los míos, la muerte de tu hermana de cáncer y la desaparición de mi sobrino, del que aún no sabemos nada y hemos estado juntos. Pero ahora me siento solo. Siento que me has abandonado. Sí, tú cuerpo está aquí pero ¿qué ha sido de tus recuerdos? ¿De todo lo que hemos vivido? ¿Qué ha sido de estos 25 años, como pareja? ¿Y de esa voz que me decía que me quería? No espero respuestas, ya hace mucho que no las espero y aunque no lo he comprendido aún, sé que no puedes dármelas. Estabas tan llena de vida y ahora tu cuerpo casi está inerte y tu cerebro seco como una pasa. No puedo hacer esto sólo. Pero no hemos tenido hijos a los que poder pedir ayuda y las del gobierno no llegan y si lo hacen son insuficientes.

Pero ¿Me ves? ¿Me entiendes? Mírame y hazme un gesto de que me entiendes, de que te llegan mis palabras o de que sabes quién soy. Mira. Mis ojos están húmedos. No han parado de llorar en todos estos días desde que me dejaste de hablar. Te echo de menos, cariño. A veces me parece ver que me miras y me entiendes. No sé qué significa esa media sonrisa Ojala esto sólo fuera un sueño, una pesadilla o una simple broma tuya pero no puede ser. Son ya dos años viviendo así. ¿Sabes? Me han preguntado por ti. Todos me preguntan por ti. Te echan de menos, igual que yo. Me dicen que eres muy joven, que no debería estar permitido llegar así a los 50. Y yo sólo puedo responderles que todo fue muy rápido y que nos dimos cuenta demasiado tarde. Entonces siempre se hace un silencio. ¿Quieres algo? ¿Estás bien? No entiendo qué me quieres decir con esos ruidos. Bueno, ya va siendo hora de irse a dormir. Desde hace dos semanas ni siquiera te quejas de que te coja. Cuando empezamos a vivir juntos me decías que me acostaba muy pronto y me obligabas a quedarme contigo en el sofá un poco más. Yo me quedaba dormido en tu regazo, como un bebé, por eso me llamabas tú bebé. No sabes cuánto hecho de menos aquellos momentos. Pero venga, ahora a dormir. Y cada vez me cuesta menos cogerte, quizá sea porque me he acostumbrado a llevarte de un sitio para otro y no me parece que peses tanto o que de verdad has perdido peso. Ya estas, en el lado que siempre te ha gustado dormir, junto a la ventana para poder sentir la brisa del verano. Mira, cuántas estrellas han salido hoy. Quieren despedirse, hoy no vienen solo a darte las buenas noches, y la luna no está tan brillante, está triste y apagada. No sonríe como cuando la mirábamos hace dos años. Tomate esto, así bien. ¿Está fresquita, verdad? Ahora túmbate, así. Hoy te toca a ti dormirte sobre mí. Prometí no dejarte sola y lo cumpliré. Me toca a mí. Beberé un poco yo también, así dormiré antes y mejor…


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