lunes, 17 de mayo de 2010

Quiero ser un perro

Me llaman Fe, de Felina. Mi dueña es la hija pequeña de una familia de granjeros. Tiene cuatro años, y se llama Sussi. Mi piel es suave y blanquita. Soy una gatita muy presumida y muy lista. No necesito que me bañen y cuando quiero ir al baño lo hago yo solita.
No como Be. Be es Beethoven, un perro muy grande que nunca se está quieto, y que se hace caca y pis en cualquier sitio. Beethoven siempre está jugando con Lucas, el hermano mayor de Sussi, que tiene siete años.
Mientras Be se va con el papá de Lucas y Sussi a cuidar de las ovejas, yo me quedo sola en casa, cazando ratones. Hasta que me aburro y me tumbo en la cama de mi dueña. Porque cuando ella está no me dejan, y a Be sí. ¿Por qué? Él es más grande y ocupa toda la cama. Yo, en cambio, soy pequeñita.
Yo quiero ser como Be. Siempre juegan con él, le hacen caricias, le llevan al médico. A mí siempre me dejan sola.
Por eso quiero ser un perro. Pero más grande que Be. Tener una casita para mí en el jardín y que me den las sobras de la comida. Quiero dejar de comer ratones, no me gustan. Pero mi mamá me dice que siempre me tengo que comer todo aunque no me guste.
Por eso un día decidí aprender a ser un perro. Vi en la tele un programa “Aprendiendo a ser un perro” pero no era para gatos. Hablé con Miau, un gato negro que viene a menudo a verme.
Me dijo que tenía que babear. Qué asco pensé yo, pero bueno, si quería ser uno de ellos tendría que hacerlo. Así que babée. La primera vez no salió muy bien pero después de intentarlo varias veces lo logré. “Ahora, tendrás que aprender a ponerte sobre dos patas y a dar la patita”. Después me enseñó que tenía que hacer pis donde yo quisiera, y a lamer la cara a mis amos.
Pero la prueba más difícil vino después cuando me dijo que tenía que perseguir a los gatos y hacerles daño. Fue horrible, me sentía muy mal cuando veía llorar a los hijos de Miau.
La última semana que pasé de entrenamiento con Miau vimos unos videos de cómo cuidar a las ovejas. Era el último paso porque si quería ser como Be tenía que saber cómo controlar el rebaño.
Había pasado un mes pero aunque actuaba como un perro y hacía todo lo que me había dicho mi amigo, mi familia seguía sin hacerme caso e incluso me miraban raro. “Esta gata está muy rara. Va detrás de los gatos”- oía que decía Lucas.
Ni siquiera Sussi venía a cambiarme la arena de mi caja. Pensé que si veían que sabía cuidar a sus ovejas volverían a quererme. Pero me faltaba algo. No podría ir si seguían viendo que era un gato. Así que encerré a Be dentro de su casa y con ayuda de Miau me pinté unas manchas marrones para hacerme pasar él.
Cuando salieron de casa, Lucas llamó a su perro y al no verle ni oírle se asustó. Entró en casa corriendo.
-Mamá, mamá- Be ha desaparecido. No lo encuentro.
.Habrá ido a beber a la fuente de la plaza.
Pero no. Tampoco estaba allí. Su padre lo tranquilizó diciéndole que era un perro muy listo y que volvería pronto a casa.
-Ve con tu hermana a cuidar de las ovejas y verás cómo cuando vuelvas ya está aquí.
-Pero necesito a Be-respondió Lucas entre sollozos
Lucas y Sussi salieron tristes de casa y sin que se dieran cuenta fui detrás de ellos. Ese día salvé a una oveja, pero como me había hecho pasar por Be no sabían que era yo. Resulta que una oveja tonta, pero que era la más pequeñita, se fue por el camino más difícil y por donde había más piedras. Por eso, como había visto en los videos, salté y nadé en el río aunque a mi no me gusta el agua, pero era un perro, así que nadé, nadé y nadé hasta que cogí a la oveja y la acerqué a la orilla. Mis amos corrieron hasta la orilla y cuando vieron que estaba bien me dieron un abrazo muy grande. “Por fin era un perro”-pensé.
Cuando ese día llegamos a casa, Sussi y Lucas contaron a sus papás cómo había salvado a la oveja y también se pusieron muy contentos. Durante los días siguientes todas las mañanas tenía que llevarle al papá de mis amos el periódico a la cama, y sus zapatillas. Tenía que comer comida de perro y a mi no me gustaba. No me daban las sobras.
-Esto no es para ti. Tú tienes que estar fuerte y grande y esto ayudará a crecer bien.
Hasta ese momento nadie se había dado cuenta de que yo no estaba. Pero cuando Sussi fue a limpiar mi cajita, vio que no estaba sucia y se asustó. Fue a buscarme al granero, donde yo iba a cazar los ratones, al sótano y a la buhardilla pero no me encontró. Yo quería decirle que estaba ahí con ella pero no podía. Yo era un perro, Yo era Be. Yo me sentía muy mal. No me gustaba ver a Sussi llorando. Además estaba cansada. Nunca había imaginado lo duro que es ser un perro. Todos los días trabajando, y siempre corriendo de un lado para otro. Siempre con prisas. Con lo fácil que es ser un gato, que no tienen que limpiarte y no te echan en los ojos el jabón. Empezaba a echar de menos mi comida.
Por eso decidí dejar libre a Beethoven. Quería volver a ser yo. Miau me ayudó a quitarme las manchas. Cuando me acerqué a Sussi, que estaba sentada en su habitación llorando, me abrazó muy fuerte. Ah, y Lucas, que nunca se acercaba a mí, me empezó a cambiar la cajita todos los días.
A la mañana siguiente de mi aparición me quedé sola con Beethoven. Me acerqué, con miedo, a hablarle. Creí que iba a ladrarme.
-Lo siento Be. Perdóname por lo que te he hecho.-
-¿Por qué me encerraste?
-Quería ser como tú. Antes nadie me hacía caso. No me querían. Sussi y Lucas estaban siempre contigo. Pero me he dado cuenta de que me querían. Además, tú siempre estas trabajando. No sé cómo te puede gustar.
-Me gusta ayudarles. Y aunque he estado más de una semana encerrado he tenido tiempo para descansar. Por eso gracias.
Soy Fe, soy una gatita suave y blanquita y es lo que quiero ser porque así me quiere Sussi.


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